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Administrador: Rendición de Cuentas

La Acción y Obligación de Rendir


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Cuentas Claras... Conservan Administradores
 

Qué implica "Rendir Cuentas"?

La rendición de cuentas es el acto administrativo mediante el cual el responsable de la gestión de los fondos puestos a su manejo, justifica y se responsabiliza de la aplicación de los mismos y de los recursos puestos a su disposición en un determinado ejercicio económico. 

Tal es así que el Administrador, en su calidad de Mandatario, debe cumplir con las obligaciones que las reglas del mandato le imponen (Art. 858 CCyC), debiendo responsabilizarse por los daños y perjuicios derivados de su inejecución total o parcial o ejecución deficiente del mismo.

La obligación de rendir cuentas es inherente a toda gestión de negocios ajenos y debe efectuarse en tiempo y forma de acuerdo al Reglamento de Copropiedad

Si bien el Administrador cumple la ley con el sólo “acto de rendir”, no hay que olvidar que la rendición de cuentas es un procedimiento dirigido a esclarecer el conocimiento del "dominus negotti" mediante una descripción detallada y documentada de todos los hechos y actos jurídicos que han constituido el objeto de la gestión, por lo que resulta una buena práctica la trascripción en el libro de actas de los estados de cuentas finales presentados en la Asamblea de modo de tener por cumplida su obligación. 

Es universalmente admitido que la rendición de cuentas no solo debe ser documentada, sino también clara y detallada, debiendo ir siempre acompañada de comprobantes.
 


La rendición de cuentas en el Código Civil y Comercial

ARTÍCULO 858 CCyC. Definiciones [Rendición de Cuentas]
"Se entiende por cuenta la descripción de los antecedentes, hechos y resultados pecuniarios de un negocio, aunque consista en un acto singular.
Hay rendición de cuentas cuando se las pone en conocimiento de la persona interesada, conforme a lo dispuesto en los artículos siguientes"
.

Rendición de cuentas
La rendición de cuentas es la demostración ordenada, sistematizada y documentada, a través de la cual se cumple el deber legal de informar a otro, las operaciones, procedimientos y resultado de un negocio.

Consiste en dar razón del cometido en interés ajeno, detallando los actos cumplidos —en este sentido debe tenerse presente que dicha exposición tiene una faz contable y una jurídica de los intereses administrados— y estableciendo un resultado final.

En el aspecto contable se muestran una serie de datos que dan cuenta del resultado económico de la actividad desplegada por una persona que actúa en interés ajeno. Cada asiento reflejado en los libros contables debe estar en correspondencia con los documentos que justifiquen la partida.

Desde el punto de vista jurídico la rendición de cuentas permite demostrar, mediante la documentación respaldatoria, las negociaciones efectuadas y su resultado.

Se destaca que la “rendición de cuentas” y “cuentas”, si bien son cercanas, no deben ser confundidas por cuanto la rendición de cuentas es un deber de poner en conocimiento del dueño del negocio los resultados y circunstancias en que el negocio se ha realizado, mientras que las cuentas son la forma ordinaria en que se cumple con esa obligación.

La forma en que debe hacerse la cuenta es jurídicamente indiferente, pero por lo general se realiza con dos columnas de Debe y Haber, designadas con estos nombres o con las de Entradas y Salidas, Activo y Pasivo, Cargo y Descargo, según mejor convenga a la naturaleza de la operación objeto de la cuenta.
Sentada esta distinción, la rendición de cuentas es una obligación de hacer inherente a toda gestión de negocios ajenos o parcialmente ajenos o cualquiera sea su carácter.

En efecto, la rendición de cuentas constituye una obligación inherente al ejercicio de profesiones u actividades lucrativas y también de toda operación realizada en interés ajeno, sea ello por virtud del principio de la autonomía privada, por la índole de la actividad desarrollada o por disposición legal (art. 860 CCyC).

En este sentido, si bien en muchos casos puede ser un deber legal como en la tutela, también puede tener su fuente en la convención de las partes —tal el caso del mandato— modificando estas sus alcances y contenido. En este orden de ideas, nótese que en ambas se constata una presunción de confianza en quien gestiona. En el primer caso, es la ley la que establece los requisitos que deben verificarse para que se cumpla con ese estándar de confianza o presunción de fidelidad. En el segundo, son las partes quienes al entregar el manejo de sus bienes parten de la existencia de esta confianza que le da sustento a tal actuar.

Esta obligación de rendir cuentas subsiste aún, basándose en el argumento de que de las operaciones realizadas no hubiera surgido beneficio alguno, por cuanto el resultado solo podrá conocerse una vez finalizada la misma.
Existen dos pretensiones posibles:
a) la de exigir de la otra parte que rinda cuentas, previa presentación de la estimación ab initio presentada;
b) las del supuesto obligado que requiere la aprobación de las cuentas que voluntariamente presenta el obligado cuando la otra parte se niega a aprobarlas.

El proceso de rendición de cuentas
En la mayoría de los casos, el desarrollo normal de la relación existente entre las partes debería concluir con una rendición de cuentas privada o extrajudicial. Las diferencias entre las partes respecto de la existencia de la obligación o de la forma de su cumplimiento puede derivar en este tipo de proceso que se integra por dos etapas a las cuales puede añadirse una tercera para el cobro del saldo si lo hubiere.
Así, en la primera etapa se debate la existencia de la obligación de rendir cuentas y, solo si esta es cuestionada, se torna necesario el dictado de la sentencia respectiva que la declare, determinando si existe o no la obligación de rendirlas.
En la segunda de las etapas se presentan las cuentas documentadas y detalladas, las que pueden ser o no objeto de impugnación y de prueba, con la consecuente decisión de que las apruebe o no como correctas.
En este orden de ideas, la segunda etapa tiene como presupuesto que se haya determinado que existe una obligación a rendirlas y que se haya obligado al condenado a hacerlo o bien que este se haya allanado a rendirlas, en cuyo caso es innecesario proseguir el procedimiento de comprobación dictando el juez sentencia haciendo lugar al reclamo y fijando un término para su cumplimiento si es que el obligado no las rindió al momento de responder la demanda.
Por último, de existir un saldo impago a favor del acreedor o un saldo deudor a favor del administrador o gestor, cabe su ejecución en el caso de que no haya existido pago espontáneo por parte del contrario.

Renunciabilidad
Para un sector de la doctrina, la renuncia a la obligación de rendir cuentas en el ámbito comercial es contraria a la naturaleza del comercio y su carácter irrenunciable se justifica por razones de orden público ya que —sostiene— que es un gran estímulo a la honestidad comercial.

Otro sector señala que no puede haber óbice a la renuncia, pues no advierte cuál es el interés jurídico comprometido, sosteniendo que este interés concierne solamente al interés privado del dueño del negocio.
 


Cuándo rinde cuentas el Administrador?

Obligatoriamente, debe hacer una vez por año ante la Asamblea Anual Ordinaria, acompañando el Balance del período y exhibiendo la documentación respaldatoria.

Sin embargo, el Administrador también rinde cuentas en forma mensual a través de las Liquidaciones de Expensas y los Estados de Caja y Bancos, constituyéndose éstos como verdaderas declaraciones juradas que comprometerían en demasía al Administrador si algún dato estuviese falseado.

Véase: Traspaso y Rendición Final de Cuentas

 

 

 

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